miércoles, 23 de mayo de 2012 01:29

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Plaza del Mercado

La Plaza del Mercado es un buen ejemplo de plaza porticada aragonesa, que no responde a una planificación urbanística, sino al deseo de los habitantes de la zona de construir una plaza con soportales, que protegieran de las inclemencias del tiempo a quienes acudían a la ciudad a poner en venta sus productos. Por ello, cada casa, cada soportal, cada pilar, es diferente.

Plaza del mercado

Plaza del mercado

En 1926 se concibió un proyecto urbanístico que pretendía dotar de regularidad a este espacio urbano, con nuevas construcciones fruto de la nueva estética de principios de siglo. A este momento responden edificios como Almacenes San Pedro y Casa Calonge, propios de esta arquitectura historicista con reminiscencias modernistas, cuyos elementos más destacados son las esbeltas columnas de orden gigante que dotan de unidad a los dos edificios.

Las casas más antiguas, con soportales de baja altura y un marcado aire popular, conforman un frente compacto y uniforme. El tiempo y los cambios de gusto que cada época trajo consigo, fueron transformando este escenario para la vida cotidiana de los barbastrenses.

En un extremo se encuentra la Capilla de Santa Ana, pequeña capilla pública de los siglos XVI-XIX que en el pasado perteneció a la antigua Cofradía de Santa Ana y hoy cuidan los comerciantes de la plaza del Mercado, calle Argensola y calle Romero.

En 1977 tuvo lugar la última gran reforma que afectó a este espacio: la construcción del Centro Cultural Entrearcos, según un proyecto de Heliodoro Dols, en el solar donde estuvo la casa de San José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei .

El edificio reproduce en su planta baja los soportales propios del sector más popular de la plaza; utiliza ladrillo para los muros y para la galería de arquillos de medio punto que culmina la fachada; y por último, presenta un alero muy volado que, en parte retoma la tradición de los aleros del siglo XVI labrados en madera, y reproduce el estilo más tradicional gracias a la combinación de tejas y ladrillos en esquinilla, del tipo pico de pajarico.

Si bien todos estos elementos recrean la tradición de los palacios aragoneses del siglo XVI, la estilización de la galería de arcos (sumamente peraltados), la combinación de ladrillo y cemento, la incorporación de nuevos materiales para el alero, etc., dotan a este edificio de un marcado aire contemporáneo.