Historia del vino del Somontano

Sin duda alguna, la vid es una de las primeras plantas cultivadas por el hombre; la elaboración de vino se remonta a 3000 años antes de Cristo. Fue la civilización romana la que extendió su cultivo en la zona del Mediterráneo y, por tanto, fue entonces cuando se inició en Aragón el cultivo de la vid.

Documentos y restos arqueológicos del siglo II antes de Cristo, demuestran la existencia de producción de vino en el Somontano, actividad que se consolidaría con las avanzadas técnicas vitivinícolas incorporadas por esta civilización.

Tras la desmembración del Imperio, durante la romanidad tardía (siglos IV al VI), el cultivo de la vid seguiría desarrollándose en el marco de villas rurales, que al modo de grandes latifundios, perpetuaron los modos de producción romanos.

Durante la Edad Media, el testigo lo retomarían los monasterios establecidos en el Viejo Aragón y en las nuevas tierras de repoblación, que como el Somontano, acababan de ser conquistadas a los musulmanes. Cada nuevo monasterio actuaba como una auténtica granja agropecuaria que administraba explotaciones cerealísticas, roturaba tierras yermas y con ello, daba origen a nuevos núcleos de población.

Las explotaciones agrícolas de estos centros monásticos se basaban en el cultivo del cereal y la vid, como demuestra, por ejemplo, la documentación histórica exhumada en el monasterio de Casbas.

Si importante fue el cultivo de trigo, avena o centeno, no lo fue menos el de la vid, cuya posterior manipulación para su transformación en vino también requería la existencia de instalaciones con las que debía contar el monasterio, como son trujales y cubas.

El vino formaba parte esencial de la dieta medieval en nuestras tierras y en nuestros monasterios, en donde se contó con personal especializado para su elaboración.

Ya en la Época Moderna, desde España llegaría la vid al Nuevo Mundo, donde existían especies silvestres de esta planta que tenían la particularidad de ser resistentes a la filoxera. Mientras tanto, en el Somontano se seguían elaborando excelentes caldos y a su producción se seguían dedicando buena parte de los labradores de la comarca.

De la importancia de la producción vitivinícola durante la Época Moderna en Barbastro dan buena cuenta los Estatutos de la Ciudad, según los cuales no estaba permitida en ella la entrada de vino procedente de términos “extranjeros”. Se trataba de una medida proteccionista instituida con la finalidad de garantizar la salida al mercado del producto propio.

Estas medidas proteccionistas se mantendrían hasta al menos el siglo XVIII lo cual trajo más de un problema a los administradores de las limosnas otorgadas para la construcción de la nueva capilla del Santo Cristo de los Milagros en la Catedral de Barbastro. Gran parte de estas limosnas se entregaban en especie, la mayor parte en forma de vino, y por “nietros”, medida equivalente a unos 15 litros. Para poder introducir este vino en la ciudad, fue necesario contar con la aprobación del Prior de Jurados del Concejo tras haber salvado diversas trabas administrativas.

La filoxera estuvo a punto de acabar con muchos viñedos aragoneses a finales del siglo XIX. La solución fue injertar los pies americanos con vides europeas, con lo que se obtuvieron plantas resistentes a esta enfermedad.

En esta centuria, el paisaje que rodeaba los pueblos del Somontano se caracterizaba por la abundancia de viñedos. Valga como ejemplo la siguiente anécdota.

En septiembre, los vecinos de Alquézar y sus aldeas acudían a pie en romería al Santuario de Santa María de Dulcis; más de 4000 personas recorrían puntualmente los caminos del Somontano jalonados de viñedos repletos de fruto maduro, y como consecuencia, la mayor parte de las uvas eran consumidas por los romeros. Los vecinos de la localidad de Buera (próxima al santuario) cuyo principal medio de subsistencia era la vid, hubieron de pedir al Obispo de Huesca permiso para cambiar la fecha de la romería de septiembre a mayo.

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